Los niños pueden obtener importantes beneficios con la psicoterapia.

 

Muchos niños necesitan ayuda para expresar sentimientos que quizás les asustan, otros pueden necesitar ayuda para aprender habilidades a la hora de relacionarse, otros pueden necesitar ayuda a la hora de valorar la imagen que están formando de sí mismos y otros pueden tener dificultades de tipo escolar, relacionado a los deberes, los exámenes, el bullying o la presión social.

 

La psicoterapia infantil es diferente a la psicoterapia con adultos; los niños suelen expresar sus sentimientos y preocupaciones de diferente modo. Por eso, el uso del juego o el arte dentro de un clima cálido, comprensivo y tolerante son los métodos más efectivos para empezar a comprender al menor y ayudarlo a elaborar sus ideas y sentimientos.

 

La cooperación con la familia será siempre necesaria a la hora tanto de evaluar lo que puede estar necesitando el pequeño, como para evaluar si los cambios que deseamos se están dando en la dirección adecuada. Desde nuestra consulta entendemos además que los padres deben ser informados continua y periódicamente de los resultados que vayamos logrando con el tratamiento. En la psicoterapia infantil los padres son figuras de esencial importancia para que el proceso sea exitoso.

 

Algunas señales indicadoras de que un niño/adolescente podría ser beneficiado por una terapia, incluyen:

Retrasos en el desarrollo del lenguaje, déficit de atención, problemas de conducta (ira excesiva, agresividad, hacerse pipí a edades que no corresponde, de la conducta alimentaria, ...) Una bajada significativa en el rendimiento escolar, episodios de tristeza, aislamiento o retraimiento social, bullying (bien sea desde la posición del receptor como del autor) ansiedad, depresión, fobia, estrés, orientación familiar, duelos, adaptación a separaciones, divorcios, mudanzas, cambios de escuela...

 

Cuando se considera oportuno, se emplean técnicas del arteterapia o músico terapia y solemos aconsejar, también, la realización de sesiones familiares. La duración de un proceso terapéutico puede variar ampliamente, según las necesidades de cada niño.

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